Es la barra o el plato de metal que atrapa las ondas de radio y las convierte en señales eléctricas que se alimentan del radio, una televisión o un sistema telefónico.

Las antenas a veces se llaman receptores. Un transmisor es un tipo diferente de antena que hace el trabajo opuesto a un receptor: convierte las señales eléctricas en ondas de radio para que puedan viajar a veces miles de kilómetros alrededor de la Tierra o incluso al espacio y la espalda.

Las antenas y los transmisores son la clave de prácticamente todas las formas de telecomunicaciones modernas.

Pueden disparar una "línea de visión", en línea recta, como un rayo de luz. En las antiguas redes telefónicas de larga distancia, las microondas se usaban para transportar llamadas de esta manera entre torres de comunicaciones muy altas (los cables de fibra óptica eliminaron este proceso).

Pueden acelerar alrededor de la curvatura de la Tierra en lo que se conoce como una onda terrestre. La radio AM (de onda media) tiende a viajar de esta manera para distancias cortas a moderadas. Esto explica por qué podemos escuchar señales de radio lejanas (cuando el transmisor y el receptor no están a la vista uno del otro).

Pueden disparar hacia el cielo, rebotar en la ionosfera (una parte con carga eléctrica de la atmósfera superior de la Tierra) y volver a bajar al suelo. Este efecto funciona mejor en la noche, lo que explica por qué las estaciones de radio AM distantes (extranjeras) son mucho más fáciles de captar en las noches. Durante el día, las ondas que se disparan hacia el cielo son absorbidas por las capas más bajas de la ionosfera. Por la noche, eso no sucede. En cambio, las capas más altas de la ionosfera atrapan las ondas de radio y las devuelven a la Tierra, lo que nos brinda un "espejo del cielo" muy efectivo que puede ayudar a transportar ondas de radio a distancias muy largas.